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Lipsynch

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allá la noche

si bestias todoterreno

extreman ungir de amor prohibido

su anastrófica brama

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allá si ni aún tenida

la cuarteta de ases

saldarle podría,

¡ah, deudoroso de mí!

.

ni aún que hubieren

clamores dulcíneos

en repente melodía

sucederé alternativo

en fábula de pronta sangre

.

habrá que cansar las fiestas

reconvenir la moraleja

refinado en el intuitivo arte

de merecer un dios

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buffet de terrores con la pata dispareja

el criterio en el baño de damas

y la esperanza en el fútbol

mientras respiro lo no visible

y espero lo no tangible

acariciando a mi perra enferma

la ciencia

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allá si de parecerme más

a lo que menos quise

invócome poco a poco

hasta el fondo fondo

esta mi obstinada

sensiblería

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Publicado por en 1 noviembre, 2015 en Sin categoría

 

Capítulo Uno

Gudulup

Hará por los años veinte ahí en el caserío de San Timorato del Río Suave, como a quién diría, unos veinticuántos tiros de piedra de Manila Sepia, el poblado más próximo, que las cosas se pusieron francamente bruscas para el matrimonio Magaña Guarín.

Y no era para menos, pues San Timorato se había quedado sin su mentado Río Suave. La sequía acabó con él ese año y también poco a poco con los animales que quedaban y les daban sustento desde tiempo inmemoriado, las dos vacas ya tenían como un mes de muertas y ya de todas formas ni las chingaba Diosito, el toro viejo que fuerza ya ni traía y los pollos, mira que morirse así tan parejitos y al unísono, como si alguien les hubiera chiflado y ya nomás cáiganse pa’luego fenecidas y esta diablura era una sequía bárbara de bruta la sequía.

Bueno, hasta el Chúcuru ya estaba finado. Aquel alegre perro que hasta a los vecinos malcarados les movía la cola. Ya no estaba allí el buen Chúcuru. Ni siquiera los vecinos. Ya poca gente quedaba en San Timorato.

Y para colmo de males doña Eustaquia Guarín está a punto de parir.

Doña Eustaquia, quien era mucho más fea que gorda –lo cual no disputaba el hecho de que era infamemente gorda– obligaba al Ide a caminar los casi diecisiete kilómetros de ida y vuelta hasta Emepé que así le decían (vaya usted a saber quién bruto dijo que así se abreviaría Manila Sepia, cierto fue que así de bruto sería), y dale que se iba allá bien lejos para provisionar la angustiosa venida del crápula uterino como de dizque cariño le decía su madre al inquilino. Y mira que obligado lo hacía a punta de pistola, esa de cañón de plata que su padre le dio a guardar mientras moría y la miraba fijamente diciéndole “guárdamela que vuelvo por ella”. Y con esa al Ide, que tanto de inocente pecaba, lo traía la Eustaquia bien derechito con eso de la ida hasta Emepé sin jamás siquiera cuestionarse si la tal fusca estuviera al menos cargada.

Al Ide hacía harto que por tan polvoroso motivo se le habían gastado las alpargatas domingueras esas que le regalara su compadre don Hilarión de quien todo fue drama en su vida y ya lo que menos hizo fue reír. A razón de un día sí y dos días no desde que la sequía asentara sus reales en la comarca. El siempre Ide sumiso queriendo confundirlo con muy atento para no pasar por pendejo ahí en San Timorato. Como mes y medio atrás habíale propinado la Eustaquia memorable golpiza por no haber llegado hasta Emepé antes que a esta se le ocurriera lo de la pistola, habiendo tenido que regresar a gatas como tres kilómetros con las rodillas sangradas pero más sangrados sus pies que por descalzo túvose ido el Ide. Más todas las horas que se quedó sentadito viendo pasar la tarde bajo el cedral refrescándose un poco las heridas.

Ante tal tunda Elenita apenas pudo reprimir su mueca de aprobación pero luego tocó pedirle el favor al caporal malcarado de Rancho Pancho, don Sufrio, para que se hiciera cargo de los encargos. Mientras se recuperaba el Ide de los golpes (más de los emocionales que de los otros) se fabricó él mismo una suerte de andadores con dos tablitas amarradas a los pies con soga cruda y unos bolsitos cosidos de pellejo y plumas de las gallinas muertas para amortiguar un poco el andapaso. Así tan rústicos como los oye los mentados andadores. Pero de su idea el Ide bien orgulloso que estaba. Y además le funcionaron muy bien sólo hasta que tuvo que cambiar los bolsitos cada tres días y gallinas había ya muy pocas.

Elenita era de esos seres de pasado inextricable y de estampa indefinible. Ya fuera una muchachona de senilidad prematura o una senescente muy jovial, eso sí, lo cierto es que Elenita fuera del “buenos días” estaba a perpetuidad sumida en bestial mutismo. Marcar distancia era lo que pensaba Ide de esto. Pero tanto Eustaquia como Elenita, que les valía una pura lo que pensaba o decía el Ide, la una porque así el Ide era seguro de no caer en tentación y la otra a mansalva la tentación en sí y por lo mismo, dejaron pasar por alto así como tantas otras cosas esta idea de Ide.

Sin embargo, aquel jueves al mediodía, a casi 44° centígrados y con el rostro hecho un infierno, la Elenita también supo decir “¡más juerte puje, carajo!” sin importarle que fuera a la doña Eustaquia misma. Ahí le amaneció el corazón al escuincle Magaña, el crápula uterino.

Entre los berridos espeluznantes de doña Eustaquia moribunda su madre, el Ide caído al suelo por desmayo su padre y la misteriosa Elenita su partera y su raptora tuvo a muy mal él nacer. Ahí mismo le sesgó de pronto la vida a Eustaquia, cansada, desangrada, enfebrecida, gorda y muy fea. Y más muy también de los anteriores.

Y nadie pudo prever este simple hecho. Murió para ser olvidada por la historia. Como tantos otros en 1920.

Así: Muerte por sequía.

Como ya no quedaba nada de agua en la pailita y tampoco en la tinaja grande, Elenita —muy apurada y con aire de haberse trastornado— limpió al mocoso con un trapo viejo más bien sucio, y después de envolverlo casi se tropieza con el Ide ahí abajo tumbado tranquilito soñando sabe dios con qué tontería. Por eso se apuró más, para que no hubiera riesgos de por medio.

Salió atropellando el aire hirviente de las tres con el chamaco en brazos y ya nadie supo nunca más de ella, la Elenita.

La gente del caserío dijo que se logró esconder detrás de su silencio, como si eso fuera un chiste. Porque la verdad es que esto está de espantos y nadie hizo esfuerzo por entenderlo siquiera, que porque era cosa del diablo eso de que el mismo Sufrio ya casi entrada la noche se encontró regresando a San Timorato como a tres kilómetros antes de llegar, con aquel bultito en campo abierto.

Ni luces de la Elenita. El chamaco ahí recién nacido con más cara de calavera que de vivo y un alacrán de esos que pican duro caminándole por el trapo sucio y viejo. Sufrio sin saber que ese era el crápula Magaña.

También se dijo que qué bruto que una barbaridad que habiendo llegado Sufrio con el deshidratado niño al caserío, nadie supiera porqué el Ide había seguido ahí relajadote tumbado junto al cadáver de la madre ya agarrando olor después de los calores del día, y que hasta que se les ocurrió ir a averiguar si algo tenía que ver el escuincle moribundo, pudieron despertarle a base de cachetadas las viejas metiches del caserío.

Metiches pero salvonas si eso era ser metiche.

Ya nomás levantarse y salir a despedir a la providencia para ver cómo Diosito caía de rodillas, mira nomás cómo ya estás Diosito, ¿quién te viera? Y así fue recostándose en la tierra muerta Diosito mirando al Ide todavía atarantado y cogido cual esperanza última del escuincle enfebrecido que ni lloraba y Sufrio y las tres vecinas a su lado, todos viendo a Diosito que les veía ya sin esperanza alguna y así se le fue apagando el chisguete de aliento que apenas le quedara, los ojos vidriosos y austeros ya petatiado el pobre Diosito allí frente a ellos, como si de un triste, o acaso terrible, augurio se tratara. Luego se dijo que ese era su destino, pero nadie entendió exactamente a qué se refirió eso dicho.

Pero no había nada más que hacer en San Timorato y con sequía. Y eso fue solo lo que se dijo.

Nada más.

 
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Publicado por en 21 octubre, 2015 en Sin categoría

 
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Publicado por en 21 octubre, 2015 en Sin categoría

 
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Publicado por en 18 octubre, 2015 en Sin categoría

 

Otro premio más

best-blog1

¿No es una belleza?

El queridísimo colega Antonio Caro me condecoró que ni lo vi venir. Y eso que ando como soltera aterrada… con retraso. Claro, hablando de los nuevos capítulos de las dos blogonovelas que aquí mismo suceden. Así que aquí lo tienen, el esfuerzo de llevar este blog literario conlleva gratísimos momentos como este. Les hago partícipes de ello y espero ya muy pronto escribir esas otras 11 cosas sobre mí, además de poder nominar a otros 11 colegas blogueros, que ese es el requisito para este premio. ¡Gracias, Antonio! Recibe un fraterno abrazo.

Pueden leer su blog aquí:

No soy lo que escribo, soy lo que tú sientes al leerme.

 
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Publicado por en 20 junio, 2015 en Anuncios

 

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Pornografía para chimpancés

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Tregua.

Los flancos si no marcan fin de fuego

lindan aspereza terca.

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No me compete de madrugada

ese viejo ardor que nos coincide,

jodienda uniforme de sello único.

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Voy la gran vía del aullido abstracto

raza chueca de adúltera viña,

de radicales presos de pánico

sujeto a mi plegaria

placentera o placentaria.

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En clave de qué sin la cáscara nómada nomás no sernos

sino lo que dar a luz no puedas, madre tierra.

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Ahoritita a los carajos trapo módico.

Tregua nel

coma de nigua.

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Las bembas colisionan lección magistral de los impudios.

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Adentro llueve.

Afuera crepita la tiniebla.

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Publicado por en 20 junio, 2015 en Poesía

 

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Altagracia

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Publicado por en 9 junio, 2015 en Poesía

 

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